El “Salvador de Honduras” un proyecto político egoísta, tacaño y personalista

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Chismes Políticos
El Salvador de Honduras

Salvador Nasralla un aventurero alocado que jamás aprendió y que nunca va a aprender las reglas más básicas de la política de arrabal.

Este hombre cuyas ambiciones se han triplicado mientras sus errores se han cuadruplicado ha entrado en una ultra megalomanía política desconcertante. Tras formalizar su nuevo partido con la marca registrada “Salvador de Honduras”, este político tiene un problema casi patológico para captar las señales del entorno. Este hombre no ve nada, sólo se oye a sí mismo y no tiene ni el más ligero contacto con la realidad. Al estar centrado en su maniática ambición de ser presidente de un país desde una limitada visión personal y al presentarse ante la gente como un “Salvador”, Nasralla se vuelve un ñoño.

Vayamos por partes, Salvador Nasralla no es un santo y no es tampoco la Santa Magdalena de los Remedios. No ha sido hasta hoy un demagogo de la política, pero sí ha sido durante décadas un hábil manipulador televisivo (que para mí es lo mismo). Al igual que los politiqueros, ha cobrado sueldos de hidalgo mientras regala bolsas solidarias a las personas más vulnerables e indefensas de ese país. Cuando se presenta como “hombre puro que jamás se ha beneficiado de la política” se equivoca y miente, él sabe perfectamente que la Corporación Televicentro ha sido y siempre va a ser una agencia encubridora del estado.

Es una cuestión de lógica, si yo trabajo para Rafael Ferrari o para Jorge Canahuati Larach soy prácticamente un lacayo del gobierno porque los empresarios de medios jamás ni en sueños pondrían en riesgo sus transas haciendo críticas contra sus amos, que son los políticos. El fraude del 2017 por ejemplo fue diseñado y realizado en las cabinas de estas compañías, pero “la víctima del fraude” siguió llegando a marcar tarjeta como si nada hubiera sucedido. Un chiste para la historia.

En buena medida la prensa arreglada, machaquera y manipuladora ha condenado a los hondureños a la ignorancia y a la miseria, pero los dueños de medios no podrían poner en marcha sus diabólicas distracciones de masas si no contrataran a exitosos especialistas en el engaño. En Honduras el periodismo es falso, el entretenimiento es ruin y la televisión es basura, de esa falsedad, de esa ruina y de ese mundo de botargas, telenovelas baratas y fantasías surgió Salvador Nasralla… De esa putrefacción mediática han provenido sus salarios de virrey.

¿Puede entonces un individuo que se formó en un planeta de neón labrarse una carrera política ejemplar en la vida real? Sí, pero hay que sacar la cabeza de la letrina: arriesgar algo e invertir algo. Este hombre quiere enfundarse “el traje de presidente” sin renunciar ni a los embustes de su equicero ni a sus finos gabanes de lentejuelas. Envuelto en una “falsa intelectualidad” que es abrumadora y frívola, Salvador Nasralla avanza incontenible hacia su tercer fracaso porque piensa que la política ni se estudia ni se aprende ni se cultiva. A los políticos de oficio (cachurecos y liberales) les asusta su doble codicia pues no conforme con las rentas de “señorito bien pagado”, aspira ahora a los negocios del “gran señorón presidencial”. Es decir, este quiere la mula con todo y cebada, con la albarda puesta y encima preñada.

Actuando bajo la consigna de que “todos son tontos menos él” y bajo el lema de que “todos deben gastar su plata menos él” este aventurero no se ha percatado otra vez de tres cosas que son fundamentales para sobrellevar un proceso político que tenga sentido en Honduras. La primera cosa es que no existe ninguna posibilidad de vencer la dictadura por la vía electoral (excepto que la reciente ley americana contra los políticos corruptos de Centroamérica rompiera la argolla de hierro que protege al actual usurpador).

La otra cosa es que las izquierdas son vengativas y biliosas, ya no quieren saber ni de Mel Zelaya ni de Salvador Nasralla y mientras no encuentren un mesías cortado a su medida, no van a levantar los pulgares. Por último, cualquier oposición hacia el régimen actual es ridícula sin argumentos ideológicos sólidos, sin aliados internacionales y sin liderazgos serios.
Los dictadores son malvados y estratégicos, saben administrar las ambiciones, la ignorancia y el miedo de toda la gente. Por lo tanto, un proyecto político egoísta, tacaño y personalista como el que plantea “El salvador de Honduras” no es más que un simulacro para seguir cobrando las jugosas deudas políticas. Ah mi país, cómo vino a sucumbir en manos de locos auto endiosados y energúmenos insaciables.

César Indiano

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